Soy un optimista de atar porque en esta vida todo es natural.
Rilke tenía razón: la vida se mantiene pura.
Rilke tenía razón: la vía se mantiene pura.
"como cuando uno abre un canal desde una fuente" [homero]
Soy un optimista de atar porque en esta vida todo es natural.
Rilke tenía razón: la vida se mantiene pura.
Rilke tenía razón: la vía se mantiene pura.
Sí. No soy único ni especial.
Esta situación nadie más la enfrenta.
La he construido yo.
Veo en estos objetos sin piel
rodeándome un mecanismo que tomó
mi conciencia. Donde los demás pueden ver
un lego.
Estarse en escribir
es de inmediato odiar
el instante
sacando medio cuerpo
buscar la sombra
de las púas
la batalla de ordenar el tiempo
asomado en el balcón
a la luz
de escalas
formar las volutas
contra la banqueta
también patear historias.
En todo caso se parece a estar dormido-
Me sé canalla, excelente mentidor.
Mentir para sacar cosas, formar soldados, armar fiestas, solucionar enredos.
Me sé excelente mentidor.
Mentir para aderezar mis sueños, ocasionar gestos, enaltecer desidia, ser mejor.
Me sé mentidor.
Mentir para mostrar verdades, comer solo, adorar mujeres doblables, expulsarlas de casa.
Mentidor.
Mentir para caminar a gusto, engañarme, trabajar menos o mejor, que sí.
Mentir para contar cuentos, cuentear, obtener una lágrima, verdadear con la sonrisa de mis niños.
Mentidor.
Que me quiera quien me odia, que me odie quien no quiera, arrojar lo blando, ablandar lo duro.
Y estás en el vértice del infinito,
en la probada llaneza de mi uña,
en la dioseosa inmoralidad de mi–cada–uno,
en la ínfima grasa de tus infiernos.
María cosa, María covacha perdida,
mentiras largas, doradas, ríos en calle de bajada,
delirios decantados, íos perpetuos.
Mis mentiras mamadas.
Y vuelvo al fin.
Sé que hablas con la gente, compras botas españolas
y frutas de mujer anaquel
mirando tu casa
oxitosándome.
Sé que estás frita en mis sueños, dando
saltos, moviendo los ojos de pé a pá
sin la boca abierta.
Y vuelvo al fin.
Me sé canalla, mentir me salva,
sí, no, sí, no. Me salva,
dame,
de nuevo,
tus manos.
Y vuelvo al fin.
Que tu madre nos mata
y me mate tu madre
siendo el ruido del estornudo
el estertor.
Y vuelvo al fin.
Mentirte caminando de tus manos a tu casa
—sacarle el grito—
sacrificarte en la muralla de ti, tu propiedad,
derruir tu brillante lengua,
ejercer el poder
escondido
en el pliegue
de la cadena que espera de nuestros cuellos.
Aquí estoy,
vuelvo al fin.
¿Qué ha pasado en el borde de mi balcón?
Una mujer meabrasa.
Errata.
Yos
de mujeres me trato. ¡Al cuerpo!
Y frágil misterio profundo y duro.
Si no podemos vernos helecho
pus
muramos.
La luz une y lastra.
¡Todo por contar lo visto!
Se acaba.
La experiencia límite es indescriptible.
Comienzo así.
el cuerpo resiste el alma no
él mueve ella escapa
todo lo hiere nadie la ve
se diluye en polvo se adivina en vaho
Piénsese el piso, ámese el cielo.
La línea rota se perpetúa
en un espejismo de la inteligencia
en su camino apremiado de fe.
Como la luna repta si está llena.
Pero paguemos un alto
para mirar las cimas
del volcán, el techo,
el algodón de nubes y de espuma.
Abramos la zancada y el compás
de las manos y a Midas
hagámoslo mirada.
Ustedes, porque nadie más puede, hundan
sus zapatos en un charco
de calle después de la lluvia;
miren que gotea el cielo,
que la lluvia llama la nube negra.
Como miro el tinto después de la droga dura.
No sientan el barrote seco,
el hielo del acero colado;
no escuchen sus rumores llegar
golpeados a la frente, los ojos
clorados, las manos cruzadas
fuera de la celda que mea ente,
los dedos entramos lozanos.
Porque el teatro nuestro de cada día
es la forma manierista, nuestro término
medio.
Y oren. Los que puedan.
que masa la crema
de tu desierto frente a mí
que magia la riña
de los humores que te escurren
figura danzante gritona
de papel añándose
inaudibles
ágatas desde mi lengua
dactil
obrar hinojos
despielgar
el hueco en tierra
plantarte
desvanecido sobre los granos
¡es cuanto!
gradilla estrella dote
duermevuela
de claxon