viernes, 17 de febrero de 2012

(serie del balcón: s/t, 2007)



La experiencia límite es indescriptible.

Comienzo así.


el cuerpo resiste el alma no

él mueve ella escapa

todo lo hiere nadie la ve

se diluye en polvo se adivina en vaho


Piénsese el piso, ámese el cielo.

La línea rota se perpetúa

en un espejismo de la inteligencia

en su camino apremiado de fe.

Como la luna repta si está llena.


Pero paguemos un alto

para mirar las cimas

del volcán, el techo,

el algodón de nubes y de espuma.

Abramos la zancada y el compás

de las manos y a Midas

hagámoslo mirada.


Ustedes, porque nadie más puede, hundan

sus zapatos en un charco

de calle después de la lluvia;

miren que gotea el cielo,

que la lluvia llama la nube negra.

Como miro el tinto después de la droga dura.


No sientan el barrote seco,

el hielo del acero colado;

no escuchen sus rumores llegar

golpeados a la frente, los ojos

clorados, las manos cruzadas

fuera de la celda que mea ente,

los dedos entramos lozanos.


Porque el teatro nuestro de cada día

es la forma manierista, nuestro término

medio.

Y oren. Los que puedan.





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