miércoles, 25 de mayo de 2011

(serie primeros poemas: 1990)



Cuento


Las manos informes detentan al ave pasajera,

un pedazo de carne. Se sumen en cimas y

en simas resurgen, abrevan en desiertos,

huelen la muerte; su aroma a sexo invade y embriaga.

La lucidez anda suelta y miento.

Visionario, intento asir. Ella se yergue, me excita

y desaparece, tímida, hastiada.

Otea mi malicia y me guía

hasta descubrirme el oasis

de Onán.

Sus sentidos lerdos, inocentes, rasan la marea hasta

lograr espuma. (La cicatriz aún no cierra.)

Desnuda, se recoge, levanta sus alas y se marcha

virgen.






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