Las limosnas
no serían recuerdos del escarnio
si no volaran a diario en los templos
El amor decae entre insomnios
pierde quietud
la espina del espíritu
En dedos entrelazados
una mano es pala
la otra charco
Un rostro refleja el vidrio
que parpadea
vivo con malhechos
Cada dios grita piedad
lejos
a tiro de piedra
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